COMENTARIO

 

     Una excelente forma de conocer nuestros ancestros puede ser estudiar como vivían y en que pasaban el tiempo los habitantes de los castillos, que diseminados por la geografía catalana en número que ronda los 600. Del porqué de los castillos la investigación ya nos irá dando lectura. Será una excelente fuente de cultura de Historia.
     Los castillos en Catalunya son más abundantes de lo que pensabamos, claro está que muchos se encuentran en estado ruinoso, pero eso que pensábamos que eran ruinas de cualquier edificación, en la mayoría de las ocasiones, son de castillos. Su ubicación en lugares altos (no siempre es así), nos puede servir de guía.
     La fundación privada Castells Culturals de Catalunya creada en 1995  ha puesto entre uno de sus cometidos, la compra de castillos para la rehabilitación y divulgación. La fundación, en colaboración con las administraciones, ha procedido a iniciar la reforma de 77 castillos, públicos y privados, alcanzándose ya el número de 22 de los que pueden ser visitados por el público.
     Bajo el lema "Salvemos los castillos" encaminan sus esfuerzos a castillos medievales de antes del siglo XV, ya que los posteriores pierden la pureza para convertirse en palacios ó casas fuertes.


     Los castillos, indudablemente se construyeron para la defensa de unas tierras o de unos pueblos que estaban próximos a ellos.
     En los tiempos medievales las guerras eran bastante diferentes al concepto que hoy tenemos. Se utilizaban como armas las lanzas, las flechas y las espadas así como las piedras y el irremediable cuerpo a cuerpo, a pie o a caballo. Un poco como en las películas de "capa y espada".
     La mejor  manera de protegerse era encerrarse en un lugar seguro por lo que se fortificaron las ciudades. Aquí surgen entonces la dualidad : castillo - fortificación. Una vez superada y perdida la protección de las murallas se había de buscar el recurso final que era el mismo castillo.
     Los castillos tienen su origen en la época pre-románica y especialmente en la románica. De aquí nacen las "turres" o torres, los "oppida" o recintos fortificados, los "castra" o campamentos fortificados con guarnición permanente, el "castellum" o fortificación menor habitada en la cual podían refugiarse la población civil en caso de acoso o peligro. El asentamiento permanente de personas alrededor del castillo daría paso al burgo.

                                   ccardona2.jpg (16042 bytes)
                                                                                     Castell de Cardona (Bages)

     Los castillos se construyeron el época de guerras, de ahí que en épocas de paz se paralizase la construcción y tornasen con entusiasmo ante nuevas contiendas. Normalmente eran fortalezas capaces de controlar y defender grandes extensiones de tierra.
     En la Edad Media la plena propiedad de la tierra era desconocida. La mayoría de las tierras eran de propiedad del rey. Siendo las tierras clave para el poder y la riqueza, los reyes donaban a los nobles haciendas o feudos a cambio de determinados servicios, a menudo militares, establecidos mediante juramentos. Por su parte los adjudicatarios principales hacían lo mismo con los caballeros para que lucharan a su lado. La ceremonia de homenaje no implicaba necesariamente un nexo permanente de ahí que estudiando la historia de los castillos se aprecien tantos cambios de señores del castillo. El periodo comprendido entre los años 950 y el 1250 (que comprende el inicio de numerosos castillos de Catalunya) se denomina propiamente feudal, debido a la posición dominante de una aristocracia guerrera en toda Europa Occidental..
     En la Edad Media gran cantidad de ciudades o núcleos de casas estaban protegidas por algún castillo. También podía ser al revés, que los pueblos se asentasen próximos a algún castillo ya existente.
     La visibilidad era primordial para una buena defensa. Por ese motivo gran cantidad de castillos estaban construidos en cerros y terrenos elevados con buena visibilidad. Algunos estaban protegidos por fosos de agua y puentes levadizos y otros encaramados en las crestas de  rocas casi inaccesibles.

     Dependiendo del tamaño del castillo podían llegar a albergar   árboles frutales, estanques, pozos de agua, huertos, ganado y establos e incluso se podían improvisar mercados. Una actividad mediana en un castillo necesitaba de gente experta para su buen funcionamiento: carpinteros y herreros para la construcción de utensilios y armas, canteros para el mantenimiento de los muros, panaderos, cocineros y la propia guardia del castillo.

     En la actualidad la mayor parte de los castillos están vacíos o en ruinas. Si permanece alguna sala todavía en pie, ésta permanece en total silencio. Tan solo los pájaros y el viento permanecen a su lado custodiándolo en espera de tiempos mejores. Aún así permanecen bastantes en buen estado, los hay habitados e incluso algunos pueden ser visitados.

                                                                                          
                                                  palafol2.jpg (15662 bytes)
                                                                                    Castell de Palafolls (Maresme)

    Por algún motivo y es de suponer por su construcción cilíndrica, en muchos castillos tan solo permanece en pie parte de la Torre del Homenaje, el punto más alto y mejor protegido del castillo.
     La construcción de un castillo es arto interesante. Además de la
fortaleza y gruesos de sus muros, de un buen diseño podía depender la vida de todos los los moradores. Generalmente una sola puerta, formidable puerta, permitía el acceso hasta su interior. Estas defensas las podríamos sintetizar en :


Almenas. Aberturas dentro de los merlones en la parte alta de las murallas. Los defensores disparaban entre ellas protegiéndose por pantallas de madera.
Ladroneras. Obras de madera alrededor de las almenas. Unos agujeros en el suelo permitían dejar caer piedras o líquidos sobre cualquiera que estuviera debajo. Las ladroneras hechas en piedra recibían el nombre de "matacanes"
Barbacana. Era la zona amurallada delante de la puerta interior desde donde se enviaban toda clase de proyectiles caso de haber superado la entrada el enemigo.
Puente levadizo. Pesada puerta que mediante cadenas y un balancín una vez bajada permitía cruzar el foso.
El rastrillo. Verja levadiza que mediante unas guías y unos tornos situados en la parte superior del puente permitían cortar rápidamente la salida o entrada al castillo.
Aspillera. Abertura larga y estrecha hecha en el muro desde donde poder disparar los proyectiles contra el enemigo.


Referente a la alimentación dentro de los castillos en la edad medieval, (transcribo algunos párrafos de la web de educahistoria que se puede visitar en http://www.educahistoria.com ) y que firma José Luis de la Torre:
"la carne de cacería (al contrario de lo que se piensa) no era habitual en los menús diarios. Era la carne de corral, el pescado, las aves y la verdura los ingredientes que formaban parte de los menús habituales"..."normalmente las recetas contenían pocas grasas ya que el aceite de oliva y de nueces se utilizaba poco. A diferencia de la actualidad las salsas no se emulsionaban con harina, sino que eran bastante ácidas a base de vinagre y zumo de limón"..."el pan blanco de trigo sólo era utilizado en la mesa del señor feudal. El resto de los mortales consumían habitualmente pan de centeno."..."la leche y sus derivados no eran de gran consumo por su dificultad de conservación"..."las confituras de almendras  y avellanas maceradas en miel (los castillos medievales acostumbraban a tener sus propios panales) eran también postres exquisitos"...


¿Cual era la comida de los señortes feudales?

Habitualmente banquetes pantagruélicos. La carne de cacería (al contrario de lo que se piensa) no era habitual en los menús diarios. Era la carne de corral, el pescado, las aves y la verdura los ingredientes que formaban parte de los menús habituales.
La cocina solía estar situada en el patio, separada del resto de las dependencias para evitar los incendios. Normalmente disponía de un gran fuego de cocina con diversos anexos como el horno para el pan, la frutería, la bodega y un gran almacén donde se guardaban las reservas de comida.

Aunque era grande la cantidad de comida servida no quiere decir esto que todos los comensales comieran de todo. Era como un gran “self service”. Cada invitado elegía los platos que le interesaban.
Normalmente las recetas contenían pocas grasas ya que el aceite de oliva y de nueces se utilizaba poco. A diferencia de la actualidad las salsas no se emulsionaban con harina, sino que eran bastante ácidas a base de vinagre y zumo de limón.

La sal se utilizaba como conservante, normalmente los cerdos de la matanza de otoño se conservaban en el saladero. Las especies (la pimienta, el jengibre, la canela y la nuez moscada sobre todo) se utilizaban para dar sabor exótico a los alimentos y para disimular el gusto de la carne pasada.
El papel de las viñas era muy importante en toda Europa y la vendimia era una celebración importantísima dentro del calendario agrícola. No obstante, el vino que se utilizaba durante todo el año tenía poca graduación. Al final de las comidas se utilizaba un vino perfumado con miel y especies.

El pan blanco de trigo sólo era utilizado en la mesa del señor feudal. El resto los mortales consumían habitualmente pan de centeno. Los panaderos cocían panes grandes que frecuentemente se utilizaban como plato donde reposar los alimentos que se comen.

La leche y sus derivados no eran de gran consumo por su dificultad de conservación. Por este motivo los productos lácteos más utilizados eran la mantequilla y algunos quesos que se utilizaban en las “gachas” que tomaban los niños y en los postres, como por ejemplo, los flanes.

Sin embargo, los ingredientes habituales de los postres eran las frutas del tiempo, especialmente la manzana que se conservaba todo el invierno. Se hacían compotas de higos y ciruelas. Las confituras de almendras y avellanas maceradas en miel (los castillos medievales acostumbraban a tener sus propias panales) eran también postres exquisitos.

Cuando el señor feudal organizaba un gran festín normalmente invitaba a representantes de la nobleza que ocupaban lugares en la mesa según su importancia. La comida se cogía de los grandes platos con el tenedor de dos dientes o con la punta del cuchillo.

Estos con frecuencia eran dagas y puñales, Las piezas de carne, a menudo animales asados y servidos enteros, los cortaba el dueño de la casa, el anfitrión, con la espada. No se había inventado todavía la servilleta, el mantel, siempre con caída muy larga del lado de los comensales, servía para limpiarse. Los purés y sopas se comían con la cuchara.

Era habitual y bien visto comer con tres dedos de cada mano por lo que antes de comer los comensales se solían lavar las manos. Los recipientes raramente eran de vidrio puesto que eran un material caro y lujoso en las mesas medievales. Normalmente los invitados beben en vasos y copas de metal o maderas nobles.

Según nos cuenta el célebre cocinero medieval francés Taillevent , en las cocinas de la Edad Media las chimeneas eran amplias y altas. Un hombre, generalmente, podía estar de pie sin agacharse, y diez o doce personas podían colocarse alrededor del hogar.

El uso de varios fogones divididos en varios compartimentos no era frecuente como en la actualidad. Los alimentos se cocinaban sobre el fuego de la chimenea y se puede comprender fácilmente que esos hogares ardientes no permitieran guisar ciertos platos que había que remover durante la cocción, o que se preparaban en pequeños calderos.

Eso se cocinaba con infiernillos llenos de brasas. Los arquitectos del siglo XIII comenzaron a instalar en las cocinas hornillos y también mesas para decorar los platos antes de servirlos.

Gastronomía en la Edad Media y el Renacimiento

Ni que decir tiene que el pueblo llano disponía de ingredientes muy distintos a los de los señores para enriquecer sus platos, lo que hacía que agudizasen el ingenio para crear suculentos manjares con exiguas materias primas. Durante el Renacimiento, los nobles y poderosos disponían de numerosos ingredientes con la posible excepción de la sal, de precio muy elevado en aquella época. Muchos de los cambios y costumbres que surgieron durante este periodo forman parte de los fundamentos de las cocinas nacionales y regionales de la actual Europa. Anteriormente, la sociedad medieval comía dos veces al día: el almuerzo al mediodía y una merienda ligera que era ingerida principalmente con la ayuda de cucharas, manteniendo la otra mano sin ningún cubierto. Aunque en la mesa se empleaba el cuchillo, la mayoría de las veces éste no se incluía con el plato, ya que se esperaba que cada uno de los comensales llevara consigo el suyo.

La práctica medieval en la mesa más habitual era compartir las copas y los recipientes donde se bebía. Esta práctica era muy común en los banquetes y era considerada un privilegio. Además, teniendo en cuenta las serias dudas que existían acerca de la potabilidad del agua y las recomendaciones médicas al respecto, esta costumbre se llevaba a cabo con bebidas alcohólicas, como el vino, pasando a ser el agua una de las bebidas de menor preferencia. Las recetas más abundantes eran las basadas en la carne debido a que dada la distancia que separaba a algunas regiones del mar y las escasas condiciones para la conservación del pescado, se echaba a perder muy pronto. Las únicas excepciones se producían durante la Cuaresma y, principalmente, se trata de recetas de pescados de río. Curiosamente, el castor era considerado pescado debido a que se pasaba gran parte del día en el agua.

Las especias estaban entre los productos de mayor lujo disponibles en la Edad Media: las más comunes eran la pimienta negra, la canela, el comino, el jengibre y el clavo. La más cara y exclusiva era el azafrán. El azúcar era un producto muy caro en la Edad Media. El edulcorante más común era la miel, aunque también se utilizaban frutas secas y los mostos de uva. Para las clases más favorecidas existía el mazapán y los anillos de naranjas secas.

Los alimentos más comunes eran:
Cereales: Centeno, cebada, alforjón, mijo y avena.
Frutas y vegetales: Col, remolacha, cebolla, ajo, zanahoria, limón, naranja, naranja amarga, pomelo, membrillo y uva.
Carnes: Cerdo, pollo, cisne, pavo, codorniz, gallina, perdiz, cigüeña, alondra, cordero y vaca.
Pescado: Arenque, bacalao, moluscos, lucioperca, carpa, dorada, percal lamprea, trucha, ballena y marsopa.
Dulces y postres: Miel, frutas secas, mostos de uva, hojaldres de crema, pasteles de mazapán y pera y galletas.

Los Envenenadores

Uno de los grandes descubrimientos que realizó el ser humano es que, más allá de su belleza estética y sus propiedades alimenticias y medicinales, las plantas también pueden ser empleadas para asesinar en forma de veneno. Se considera veneno a cualquier sustancia que, al penetrar en el organismo por cualquier vía posible, altera y deteriora su funcionamiento pudiendo llegar a causar la muerte. En un sentido más estricto, podemos decir que un veneno interrumpe la secuencia natural de las cadenas de reacciones químicas que mantienen la vida celular, causando una alteración en el metabolismo del organismo contaminado y precipitándole a un desastre bioquímico que puede causar la muerte.

Además de la sustancia concreta empleada como tóxico, otro de los factores importantes en un envenenamiento es la dosis. La misma sustancia actuando en un organismo en diferentes concentraciones puede tener efectos muy diferentes. Por ejemplo, la Belladona es una planta que altera el sistema nervioso autónomo, que se encarga de funciones automáticas como la respiración y el ritmo cardiaco. En pequeñas dosis puede eliminar las contracciones intestinales dolorosas o dilatar las pupilas para hacer posible un fondo de ojos. En dosis más elevadas puede detener el corazón y la respiración y causar la muerte.

Como detalle anecdótico, la planta recibió el nombre de belladona (bella donna, bella mujer) porque en Venecia, durante el Renacimiento, surgió entre las mujeres la moda de emplear extractos de dicha planta dilatar la pupila; tal y como se ha dicho anteriormente. Diversos estudios de Psicología y Marketing han demostrado que las caras de personas con las pupilas dilatadas resultan más agradables y atractivas al espectador.

Las grandes envenenadoras de la Historia son mujeres. Como es bien sabido, el varón utiliza la fuerza bruta y arremete contra la mujer en irracionales ataques de ira o planeadas agresiones físicas. Las mujeres, por el contrario, son mucho más sutiles y se sabe de envenenadoras que han sido detenidas tras un número incierto de asesinatos y se sospecha de muchas otras que han quedado en libertad al no poder demostrarse sus crímenes.

En Roma apareció la primera ley antiveneno, bautizada como Lex Comelia Maestration, porque las autoridades se percataron del gran número de viudas ricas existentes. Locusta era una envenenadora oficial de gran poder en esa época. Hacía venenos a la carta en función del método de administración, el tipo de muerte y la rapidez de ésta. Cabe destacar que numerosos emperadores romanos murieron envenenados, como fue el caso de Augusto.

En la Edad media, los castillos acostumbraban a tener uno o varios probadores oficiales de comida, en previsión de un posible envenenamiento hacia el señor feudal. En el siglo XIII, la famosa envenenadora Toffana causó más de seiscientas muertes en Nápoles preparando cosméticos que contenían arsénico y que eran vendidos posteriormente. Se dice que contenía arsénico (u opio, según otras fuentes) y polvo de cantáridas, aunque algunos afirman que era una solución de trióxido de arsénico. El nombre por el que fue conociedo era “Acqua Toffana” o “Acqua di Napoli”. Otro veneno muy utilizado en esta época fue la Acquetta di Perugia, que incluía nuevamente arsénico, pero en esta ocasión mezclado con vísceras de cerdo putrefactas. Este veneno fue muy usado por Lucrecia y César Borgia, denominándolo “Acquetta” o “Cantarella”.

En la corte de Luis XIV, también conocido como el Rey Sol, existieron tres famosas envenenadoras: Catherine Deshayes, la marquesa de Brinvilliers y la marquesa de Montespan. La primera de ellas, más conocida con el nombre de La Voisin, fue acusada de numerosos envenenamientos. Regentó, al igual que Toffana, un lucrativo negocio de venta de venenos, que compraban mujeres deseosas de enviudar. También se vio implicada en un atentado frustrado contra la vida del rey de Francia con un preparado de arsénico y acetato de plomo (este último conocido también como Azúcar de Saturno), que posteriormente se denominó “Polvos De Sucesión”.

También se ha debatido mucho sobre el envenenamiento crónico de Napoleón, no obstante, científicos franceses han publicado recientemente un estudio en el que demuestran que las altas concentraciones de arsénico detectadas en sus cabellos no se deberían a una ingesta de este mortal veneno sino, más probablemente, a la utilización de este elemento químico para el cuidado capilar.

(
Peter Elbling )Autor de: "The food taster" y "Mundskenken"


     Todo parece comenzar con el final del sistema político romano tras la caída de su último emperador en manos bárbaras el año 476. La organización, las rutas de comercio y la inseguridad por bandidaje en las rutas afectaron enormemente al sistema de comercio que hasta esa fecha se había establecido. Al no poder importar mercancías del este debido a la mala situación económica de los reinos bárbaros que no podían financiar las vías comerciales y a la pésima autoridad gubernamental, sucedió un comercio de carácter local, pobre en materias primas, y por tanto pobre en variedad que tan solo permitía una mínima subsistencia rural.
     El feudalismo fue adoptado en Europa como una forma de organización social y que a la vez de supervivencia le permitiera la defensa de sus tierras frente a los invasores. Para ello tenía que formar hombres armados a caballo en gran número dispuestos a la defensa de los pueblos. Por contra todo ello imponía unos gastos tremendos que ningún señor feudal podía hacer frente por si solo ni incluso con la aportación real. En función del sistema contributivo establecido el señor feudal tenía que proporcionar al ejército real un determinado número de de caballeros armados a los que debía mantener durante al menos dos meses.
    Como puede imaginarse, al señor feudal éste gasto le resultaba insostenible. Disponer de los caballos necesarios, aprendizaje y mantenimiento de todos los caballeros, alojamiento, vestidos y alimentación resultaba ruinosos. Entonces nació la asignación  de parte de sus tierras como pago de los servicios prestados, convirtiendo a los caballeros con el paso del tiempo en herederos del propio señor feudal. Estos nuevos señores tenían la misma obligación para con su señor que la que éste debía al rey. Y por supuesto éstos caballeros estaban obligados a estar preparados para servir a su dueño con su persona y con otras que pudiesen aportar. De nuevo ellos debían fraccionar sus tierras en otras menores hasta llegar a un proceso en que el tamaño de las tierras fuese el mínimo permitido para la existencia de un caballero.
     Con estos compromisos y el juramento de fidelidad, se iniciaba el feudalismo como un complejo sistema de gobierno.  Los feudos constituían la base económica del feudalismo.
    Resumiendo, una parte del feudo estaba reservada para el señor feudal y otra más pequeña era cultivada por los vasallos, que debían pagar a aquel una renta, mientras que el resto era cultivado por los siervos, que eran la mayoría de los habitantes del pueblo. Estos debían trabajar dos o tres días a la semana en las tierras del señor, además del tiempo de siembra y recolección.
    Los feudos regularmente estaban divididos en tres parcelas: una para el sembrado de trigo de invierno, el segundo con trigo de primavera y el tercero para el barbecho.
    Este sistema resultaba suficiente solamente para la subsistencia rural. Se pusieron  en práctica nuevas tecnologías para aumentar la productividad de la tierra: un nuevo arado, más pesado y más efectivo y la utilización del caballo  como medio de tracción.


    De alguna manera el mundo militar de la Edad Media todavía conserva adictos. ¿Quien no se ha preocupado nunca por observar los escudos de armas y la Heráldica?. En el campo de batalla, distinguir al amigo del enemigo podía significar la vida o la muerte. Cubierto con la armadura la elección resultaba difícil, de ahí el decorar el escudo y  la capa unos signos especiales que lo diferenciase. Habían nacido los blasones.
     A veces en los blasones se combinaban varios dibujos al juntarse dos familias con lo cual el blasón podía adquirir formas divididas en dos, tres o cuatro partes.
Finalmente recordemos que según la norma de la época en caso de asedio y en ausencia del rey, el alcaide transcurrido 40 dias sin recibir auxilio podía rendirse al enemigo con honor.
     En ciertas ocasiones se utiliza el término "termenat" y cuya traducción del catalán viene a ser : castillo que tenía adscrito un término o jurisdicción territorial. La gran mayoría de castillos de Catalunya presentan esta condición.
     La vida en los castillos, la distribución, la alimentación y la vida social también podría dar para mucho. De momento y por mi parte solo les puedo ofrecer el paso por esta web de algunos castillos de Catalunya que he ido visitando y de otros que a través de opiniones y  documentaciones ajenas he podido ir recopilando.